La fase nocturna juega un papel de primera importancia en la recuperación después del ciclismo. ¡Si dormir ocupa un tercio de nuestra vida, no es por casualidad! Un sueño reparador contribuye al mantenimiento de las funciones vitales del organismo y al rendimiento deportivo. Dotado de un poderoso poder regenerador, es un factor clave del bienestar para el ciclista. Análisis con nuestro dossier sobre deporte y sueño.
Deporte y sueño: aliados inseparables
La relación entre deporte y sueño funciona sobre el principio del dando y dando. ¡Uno no va sin el otro!
Si la actividad física mejora la calidad del sueño, este último es esencial para una buena recuperación después del esfuerzo. Dormir ofrece una gran cantidad de beneficios interesantes para el deportista. Cuando duermes, ocurren cosas extraordinarias en el corazón de esa increíble máquina que es tu cuerpo:
- Se reconstruyen tus reservas energéticas;
- Se fortalecen tus defensas inmunitarias;
- Tu aparato cardiovascular se pone en reposo;
- Se desarrollan tus capacidades de memorización.
De manera general, el sueño es un parámetro vital para el buen funcionamiento del organismo, el equilibrio metabólico y el bienestar. La privación de sueño puede generar efectos negativos en la salud: fatiga, caída de la motivación, aumento de peso, irritabilidad, alteración de las funciones cognitivas... En las personas que practican una actividad deportiva, la agitación nocturna, los trastornos del sueño o la falta de descanso nocturno perjudican la recuperación. Los tejidos se regeneran mal y el riesgo de lesión aumenta.
Amigos ciclistas, presten especial atención a la calidad de su sueño para una recuperación máxima. Estarás más vigilante y rendirás mejor durante el entrenamiento. Adopta el credo: bici, trabajo, cama.
Las diferentes fases del sueño tienen su importancia
Para entender por qué el deporte y el sueño son inseparables, hay que analizar las fases del sueño. De hecho, dormir es un mecanismo complejo. Irse a la cama, caer en los brazos de Morfeo, despertar... ¿pensabas que era así de simple? ¡Pues no, en realidad el sueño está lejos de ser un paseo tranquilo!
Este estado fisiológico está constituido por una sucesión de tres a cinco ciclos de sueño de aproximadamente 90 minutos. Cada ciclo se compone de dos grandes fases: el sueño lento, que es el que nos interesa, y el sueño paradójico, dedicado a los sueños.
El sueño lento tiene tres etapas:
- El adormecimiento: una etapa de medio sueño durante la cual el cuerpo se relaja y el cerebro descansa.
- El sueño lento ligero: la actividad muscular sigue ralentizándose, el sueño no es profundo y puedes despertarte fácilmente. En teoría, pasamos el 50% de la noche en este estado.
- El sueño lento profundo: en esta etapa, el sueño es muy profundo. Es cuando estás profundamente dormido (20 a 25% del sueño total) que tiene lugar la recuperación: se liberan las hormonas de crecimiento celular, permitiendo la reparación de los tejidos musculares y el fortalecimiento de los huesos.
Como habrás entendido, el sueño profundo representa el período más eficaz para recuperarse bien después de las salidas en bici o cualquier otra actividad física.
La actividad física favorece el sueño
¡El deporte y el sueño, más que una asociación, es un verdadero círculo virtuoso! Probablemente ya lo hayas notado: practicar deporte permite dormir mejor.
La actividad física durante el día impacta positivamente en los ciclos de sueño. Las fases de sueño lento profundo son más largas y el adormecimiento es más rápido. Además de favorecer la circulación sanguínea y el desarrollo de las capacidades respiratorias y cardíacas, propicias para un buen sueño, el ejercicio genera una secreción de endorfinas. Estas hormonas naturales ayudan a reducir el estrés y proporcionan una sensación de bienestar bienvenida para pasar una noche tranquila.
¡El deporte es un verdadero somnífero!
Consejos para dormir bien y recuperar
Hay algunas buenas prácticas que se deben seguir para mantener el frágil equilibrio entre deporte y sueño.
Evita entrenar demasiado intensamente por la noche. Al final del día, el cuerpo está más bien en fase de preparación para la hora de dormir: se enfría y reduce su vigilancia. Como los esfuerzos intensos van acompañados de un aumento de la temperatura corporal, perturban el ritmo del organismo y comprometen el adormecimiento. Idealmente, se deben contar mínimo dos horas entre el fin de la sesión y el momento de meterse bajo la manta.
Adquiere el hábito de acostarte y levantarte a la misma hora. ¡Un ritmo regular para un sueño de calidad!
¿Te cuesta dormirte? Darte una ducha alternando agua caliente y fría ayuda a relajarse y a eliminar los desechos metabólicos acumulados durante el ejercicio. También puedes sumergirte en un baño frío para bajar la temperatura de tu cuerpo y facilitar la somnolencia. Si estás cansado durante el día, no dudes en tomar pequeñas siestas de unos quince minutos, o incluso power naps de 5 minutos. Aunque sean cortas, este valioso tiempo de recuperación te permitirá recargarte. Finalmente, piensa en las bebidas de recuperación para recuperar más rápido y mejor. ¡Buena ruta, y sobre todo... buenas noches!